Así con la tontería, Berlín se ha convertido en mi lugar favorito visitado hasta la fecha. Por alguna que otra casualidad, he pasado por allí dos veces en los últimos meses y, en ambas, el viaje ha sido una constante sorpresa y he vuelto al hogar con la sensación de "no estaría nada mal establecerse por allí": los alemanes son pura sociabilidad y parece que nunca faltan planes. Siempre, por supuesto, planes de lo más variopinto pero con denominador común: todos cool. Ya sean galerías de arte, casas okupadas, playas chill out o fábricas abandonadas. En Berlín, hasta la basura es de diseño, creedme. Igual que los fotomatones, que sacan tiras de cuatro fotos diferentes en blanco y negro con ese toque retro que lo hace todo tan bonito.
Además, si tenemos en cuenta el precio del kebab como el precio medio de vida en una ciudad (es un útil baremo), la vida en Berlín es baratísima. El kebab más caro, vaya, cuesta 2,50 euros. Recuerdo la primera vez que estuve: era mi cumpleaños y salimos a celebrarlo. Cenamos en un italiano unos entrantes, dos platos generosísimos, bebida y postre por 30 euros. Y al día siguiente, dos pizzas tamaño... plato (o mediana del Telepizza), por 8 euros.
Por lo demás, mucha cerveza Becks y mucha gente guapa y estilosa. Y otro apunte, por si algún interrailero cae por aquí: los hostels son de lo más barato y cuidado de Europa, con buenos bares gigantes incorporados.



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