miércoles, 17 de febrero de 2010

Crónicas de Boston

He vuelto. Y antes de volver a irme en este febrero transatlántico a la isla de los habanos -cosas de la época universitaria-, heme aquí para contar mi vida, en concreto, la de los últimos cinco días en Boston.




Éste era un viaje que ya desde el principio se antojaba peculiar. Porque me enteré con un mes de antelación, porque se confirmó y anuló un par de veces, porque era un 50% trabajo 50% turismo, y porque en ese último 50% me tocaba turistear conmigo misma y con mi cámara de fotos, y punto. Pero al final, como siempre (porque hay algún principio universal por el que siempre todo, al final, termina saliendo bien -o simplemente menos mal de lo que esperabas-), la cosa fue de lujo. Así es.

Y es que lo bonito de los viajes -lo más bonito, vaya-, por encima del turismo compulsivo de arriba abajo mapa en mano, son los planes espontáneos, la vida normal en el lugar y la gente que te encuentras. Y yo tuve un tanto de cada uno y, por eso, he vuelto más feliz que un lacasito.



Boston es una ciudad accesible, aunque lo primero que uno vea al pensar en ella sea la inmensidad. Es apañadita, londinense, con casas bajas y boutiques en ellas. Es universitaria -mucho-, y su centro es puro desorden protagonizado por edificios históricos y rascacielos. Y pese a la temperatura media de -897354º que he tenido (vale, con sol, pero -897354º al fin y al cabo), ha habido tiempo para las cervezas en el archiconocido Cheers, para las compras en un paraíso llamado Newbury Comics (además de la clásica compra en el siempre adictivo H&M), para "festivales" de electrónica, para degustar los platos tamaño XXXXXL de cada restaurante y hasta para que no me dejaran beber una Guinness en un pub irlandés o me pintarrajearan las manos de negro para controlar si había alguna copa en ellas por ser una under21 (caso real).



Pero lo mejor de todo ha sido el tiempo que ha habido para reencontrarme con Anna, después de un par de años sin vernos -momento emo de jo-cómo-pasa-el-tiempo- y con Tracy -otra de las BFTFers que conocí allá en Wake Forest-, para conocer a su amiga Meredith y que nos enseñara la ciudad y para repentinamente twittear y terminar conociendo a 2/3 de los futuros The Scarafaggio, y salir de fiesta -hasta las 2, por supuesto- y pasarlo bien.

No sé, ¿no es genial? Eso de irte por ahí sin rumbo y acabar haciendo cien mil cosas amenas. A mí me ha encantado, sinceramente. Y, de paso, he tenido también tiempo para catar mi nuevo Peleng, que si no fuera por su medio kilo de peso arruinaespaldas sería prácticamente más adictivo que el H&M. En las fotos (aquí el resto) todo eso y más.

Y hasta entonces, que lo paséis bien.

1 réplicas:

  1. Boston mola.
    En mi viaje de fin de carrera fui a 4 ciudades de la costa este y, después de NY, esta fue mi favorita. De hecho, nos dio muchísima rabia haber dejado sólo dos días para visitarla. Es una ciudad en la que me vería viviendo..

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