
Mi historia con Amberes es corta: dura unos 40 minutos. Más o menos los que tardó en salir el siguiente tren a Brujas, después de que perdiéramos el que nos correspondía. Confesaré que lo primero que nos preguntamos fue dónde narices estábamos, y hasta unos meses después no supimos que ese lugar con carteles de Antwerpen, en algún lugar entre Holanda y Bélgica, era la famosa Amberes. Pese a lo breve de la estancia, el lugar me resultó llamativo. Por su bella estación de tren, por el tiovivo recién salido de Narnia que hay en la plaza de al lado. Por supuesto, por la inmensa cantidad de judíos con los que nos cruzamos en tan poco tiempo, casi tantos como tiendas de diamantes.
Ahora el destino, la Comisión Europea, la Universidad Complutense de Madrid y el Ministerio de Educación (que van a ser quienes "lo paguen") me han dado la oportunidad de volver durante algo más de 40 minutos: el año que viene, con una beca Erasmus bajo el brazo, me voy a estudiar/vivir/pasarlo bien allí. A media hora en coche de Bruselas, a poco más del resto de Europa, con viajes de tren por todo el país a razón de 4,5€ el trayecto y con la mejor cerveza del mundo. No me costará demasiado re-enamorarme de Bélgica :D
La otra noticia es que, en consecuencia, a este blog todavía le queda, por lo menos, un año más de vida. Porque va a haber (muchas) cosas que contar: seguro.
En la foto, un trocito del tiovivo del que hablaba. A partir de septiembre, (muchas) más.
En la foto, un trocito del tiovivo del que hablaba. A partir de septiembre, (muchas) más.
Me alegra saber que podré seguir tus actualizaciones durante un año más.
ResponderSuprimir¡Enhorabuena, señorita! La de birras que te vas a hacer... Ay. Envidia. Sana, eso sí.
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