Por la mañana, después de que el casero te despierte con buenas noticias y habiendo inaugurado oficialmente la cafetera, todo se ve de otra manera. Amberes me recibió ayer grisácea, lluviosa, ¡diluviosa!, y yo la saludé sin apenas haber dormido y tras el infierno que supone un vuelo en Ryanair, con sus azafatos pesados vendiendo papeletas y mofándose con un 'no os hagáis los dormidos para no comprarlas, ¡no habéis podido dormir porque llevo todo el viaje gritando!' (true story). Gracias, tío. Por supuesto, la bienvenida cambió al subir y redescubrir el paraíso en el que vivo, al animarlo con mi edredón de colores, el Bob Esponja gafapasta y el niño melón que saqué de la redacción, la foto de familia y nuestro cuadro de Mafalda y Burocracia. El día no dejó de ser gris, pero no debía haber tiempo para lamentaciones. Y la ciudad me tenía preparada alguna sorpresa que se quedó en el tintero cuando vine en julio. Huikstraat – mi calle - es muy pequeña, pero todo a su alrededor merece la pena. A la derecha, una taberna en la que suena buena música y una cafetería en rosa y naranja muy de domingo por la mañana siempre que el tiempo lo permita. A la izquierda, la calle en la que ya he contado tres estudios de tatuajes, dos tiendas de discos, una International Magazine Store con todas las revistas del mundo, un pseudo Popland y varias librerías prometedoras. A media calle, o diez minutos de mi estudio, el bar De Rots, con conciertos de hardcore y punk rock cada fin de semana y, dato, una bandera gigante en su fachada de mi nueva bebida favorita, Monster, que eclipsa todo lo demás. El tumulto desemboca en la Fnac, y de ahí en Meir, el Preciados o Gran Vía de la ciudad. Total: quince minutos andando desde el hogar. Mi sueño de la adolescencia.
El día seguía gris, más diluvioso aún cuando me aventuré a pasear y hacer las primeras compras, pero cada paso y descubrimiento parecían una nueva razón para alegrar esa cara. Y esta mañana, con la visita del señor Wim y sus gafas raras, más. Puedo anunciarlo: ¡ya tengo sofá! Aún no se ha hecho físico, pero la señora casera y dueña del edificio (la suegra de Wim) va a comprar uno para cada estudio. ¡Viva! Probablemente haya que subirlo por la ventana, porque la escalera es unipersonal llevada al extremo – como dato, tuve que deshacer la maleta en el portal e ir transportando la ropa hasta arriba – así que he de hacerme prioritariamente con unos CD's vírgenes para asustar a las palomas. Hasta entonces no abriré los ventanales: sería maravilloso, pero prefiero evitar desgracias / infartos al corazón provocados por esos bichos, malditas ratas del aire. La otra prioridad es una conexión digna a Internet. Contrate la que contrate su activación lleva un tiempo, y hasta el jueves no empiezo la vida universitaria, así que tengo por delante dos días de soledad que interpretaré como días de instalación. Y quizá así se hagan menos grises.
Pintaza tiene!
ResponderSuprimiresos estudios de tatuajes tienen mucho peligro,PIENSALO BIEN ANTES DE ACTUAR.
ResponderSuprimirTía. Sé que llego mil años tarde. PERO TE JURO POR DIOS QUE YO FUI A BARCELONA CON ESE AZAFATO. Es que no puede haber dos iguales en la misma compañía aérea. Palabra.
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