martes, 6 de octubre de 2009

Ámsterdam, o el todo en uno que se quedó corto



Ai! Quién nos lo iba a decir: en Ámsterdam, paraíso del recreo y el gozo, los cuatro días que en principio, parecía, iban a quedarse cortos,
se quedaron más que largos. ¿El problema? Podría dejarlo para el final a modo de moraleja, pero si por algún casual alguien llega aquí con fines interraileros y no quiere leer mi 'experiencia completa' lo adelantaré: el problema es que lo barato sale caro.

Me explico. Ámsterdam está un poco
a precio de oro en casi todos sus aspectos, desde la comida (el precio del kebab está entre cuatro y cinco euros) hasta el transporte (un trayecto en tranvía cuesta más de 2 euros), pasando por los hostels, es decir, esos acogedores lugares con habitaciones de 14 personas pensados para este tipo de viajes.

Cuando planificamos (con meses y meses de antelación, como buenas previsoras) el nuestro, fuimos a lo barato-pero-que-cumpliera-su-función, y en el caso de Ámsterdam la cosa nos salió del revés. Los hostels eran más caros que cualquier hotel, así que pensamos
'¿...y por qué no vamos a un hotelico como dios manda y aprovechamos para descansar la mente y ducharnos en condiciones?'. Todo pintaba idílico pero fue un craso error, tanto económica como festivamente: unos 7 euros al día en transporte (porque el hotel no estaba en el centro) + otro tanto en comida preparada (porque en el hotel no había cocina de uso público, claro) + ausencia total de jóvenes interraileros del mundo con los que tomar unas cervezas en el hall. Para otra vez, desde luego, ya nos lo sabemos :)




Hasta aquí, la pura experiencia. Por lo demás, en Ámsterdam
se puede hacer prácticamente de todo aunque al final no hagas prácticamente de nada, o lo que es lo mismo, fumes porros y veas escaparates con putas. El turisteo desfasado se concentra en ese par de calles llenas de coffee y sex shops y puestos de comida para llevar, donde los dependientes no son precisamente agradables (cosa, seguro, de lo pesados que somos los turistas) y donde poco falta para que te escupan si les preguntas cualquier cosa.

Las palomas, infinitas gracias a la cantidad de alimentadores que tienen, vuelan muy bajo y entran en los supermercados, en los que, por cierto, te hacen descuento si te llevas comida caducada (caso real). Por su parte, las casas están torcidas, ya sea para un lado o hacia adelante y toda la ciudad es una chatarrería de bicicletas.

Pero no nos engañemos: Ámsterdam, bien llevada,
tiene el encanto que ya quisieran muchas. El de las flores, los mercadillos, los canales, las casas-escaparate y los carteles, bolardos, pintadas o máquinas de vending que te dejan las cosas más claras que el agua.



Así que mi vuelta está, definitivamente, asegurada.

En las fotos (en grande mejor) el eslogan de Ámsterdam modificado, un cartel en un coffee shop, un bolardo con tres X (están por todas partes),
una máquina callejera para comprar anillos a las chicas y casas realmente torcidas.

2 comentarios:

  1. Pues nena, yo quería ir.
    Pero visto lo visto, y sin un duro bajo manga, mejor me voy a París que por lo menos tengo casa y amigos que me costeen los transportes.

    yeah!

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  2. #pstrange, París es maravillosa pero pasa un poco lo mismo que en Ámsterdam: tienes que saber los 'sitios clave'. Ya me contarás :D!

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