Cuando lo fundó, John Walter presentó a su recién nacido Daily Universal Register (que poco más tarde sería The Times) insistiendo en que "en su política, no será de ningún partido político". ¿Sería entonces libre e independiente? No. El suyo era más olfato empresarial que periodístico. "El principal objetivo del periódico será el de facilitar los intercambios comerciales entre las diferentes partes de la comunidad, a través del canal de los Anuncios", decía.
Antes de entrar en la carrera, solía preguntarme: si los periódicos tienen que ser independientes, pero necesitan de la publicidad para financiarse, ¿cómo mantienen su independencia? Se me ocurría el periodismo sin ánimo de lucro. Sin embargo, la única publicación que creía conocer entonces de ese tipo era La Farola, y parece que resulta que La Farola se lucra más que nadie. Pero ésa es otra historia.
Un tiempo después he caído en que, quizá, no iba tan desencaminada. Sobre todo después de que este año, por ejemplo, ProPublica, una publicación digital y sin ánimo de lucro haya ganado un Pulitzer por un reportaje de investigación. En España, pocas semanas antes, había nacido Periodismohumano, también digital y también sin ánimo de lucro.
Con The Times y sus intercambios comerciales, el periodismo se hacía negocio. Un negocio, eso sí, de alta calidad, pero, al fin y al cabo, con intereses económicos a los que quedaba supeditado todo lo demás. Y lo que entonces no era negocio, dependía de los intereses de algún partido: era propagandístico. Es curioso cómo, doscientos años después, surgen y hasta se premian iniciativas que no son ni lo uno ni lo otro.
Y así es cómo una de esas historias, teorías, estructuras y derechos de la comunicación se hizo interesante de estudiar entre la maraña de trabajos y cargas universitarias que me hacen compañía estos meses. Lo siguiente, cuando esté, ya lo contaré: tiene que ver con la música y me apetece mucho, no digo más.
Hasta entonces, que disfrutéis de la primavera.
Antes de entrar en la carrera, solía preguntarme: si los periódicos tienen que ser independientes, pero necesitan de la publicidad para financiarse, ¿cómo mantienen su independencia? Se me ocurría el periodismo sin ánimo de lucro. Sin embargo, la única publicación que creía conocer entonces de ese tipo era La Farola, y parece que resulta que La Farola se lucra más que nadie. Pero ésa es otra historia.
Un tiempo después he caído en que, quizá, no iba tan desencaminada. Sobre todo después de que este año, por ejemplo, ProPublica, una publicación digital y sin ánimo de lucro haya ganado un Pulitzer por un reportaje de investigación. En España, pocas semanas antes, había nacido Periodismohumano, también digital y también sin ánimo de lucro.
Con The Times y sus intercambios comerciales, el periodismo se hacía negocio. Un negocio, eso sí, de alta calidad, pero, al fin y al cabo, con intereses económicos a los que quedaba supeditado todo lo demás. Y lo que entonces no era negocio, dependía de los intereses de algún partido: era propagandístico. Es curioso cómo, doscientos años después, surgen y hasta se premian iniciativas que no son ni lo uno ni lo otro.
Y así es cómo una de esas historias, teorías, estructuras y derechos de la comunicación se hizo interesante de estudiar entre la maraña de trabajos y cargas universitarias que me hacen compañía estos meses. Lo siguiente, cuando esté, ya lo contaré: tiene que ver con la música y me apetece mucho, no digo más.
Hasta entonces, que disfrutéis de la primavera.
Vale, pero tengo una pregunta. ¿La imparcialidad es inherente al carácter no lucrativo?
ResponderEliminar¿Sí, no, a veces, no siempre...?