lunes, 23 de agosto de 2010

Fuego

Hacía fuego, que dirían las madres y abuelas. Una suerte de Madrid en julio, pero con más humedad y mucho menos tiempo para echar la siesta bajo el aire acondicionado o agotar las noches a base de cañas en cualquier terraza. Después de que las dos principales ¿agencias? de alquiler de habitaciones a estudiantes me traicionaran -"sí, para el 7 de julio habrá opciones de sobra, don't worry" -, quedaban 48 horas de contrarreloj antes de que saliera el avión de Charleroi para dar con un estudio, céntrico, barato, apañado, limpio, mío. Un joven hindú nos paró a media mañana en la que más tarde se confirmaría como mi calle, y después de adivinar que pensábamos en la rosa, como flor, y en el azul, como color, le dijo a Nacho que era 'good man with good karma'. Al lado, yo me reía hasta que tuve que pagar el par de euros por los que nos salió la gracia, que, al 50% de probababilidad, acertó en lo de que habría buena suerte. Llegaría a última hora, claro. Después de visitar verdaderos andrajos, o zulos, de muebles roídos, distribución inexplicable (un plato de ducha en mitad del cuarto, una cocina en la azotea); de tratar con los más pintorescos caseros, con ninguna idea de inglés, claro; de salir y pensar 'quizá con una buena sesión de limpieza y un par de pósters', de repensar 'no, en realidad no'.

Hacía fuego, más aún en las cabinas de los locutorios. Con un excel de habitaciones recién dejadas por estudiantes que me dieron en la Universidad y que valía su peso en oro, un bolígrafo y un cuaderno entero para destrozar a tachones, filtré por S, de estudio, y por 350, de precio máximo, y me topé una y otra y otra vez con torpes 'lo acabamos de alquilar'. Hasta la segunda página a la mitad, más o menos.

- He visto que alquila un estudio, 350 euros, ¿verdad?
- Sí, bueno, no, al final lo he subido, ahora son 385, verás, tuve ciertos problemas el año pasado, los estudiantes dejaron la casa fatal, hubo disturbios y todo y jajaja, y para evitarme problemas, y bla, y bla, bla.
- Ok, ok, cuándo puede enseñármelo.
- A las 8.

Y así fue como me pudieron la desesperación, los 50º de la cabina telefónica y el pilot destintado. Como aumenté inconscientemente mi tope mensual, quedé con el señor casero, hiperactivo, de gafas metálicas y un bebé atado a él, me sonrió el good karma y encontré el estudio más diáfano, más luminoso, más Ikea, más mío, de Amberes. Estoy segura de que H&M podrá soportar mis 35 euros menos de consumo al mes.

Ahora, a una semana de marcharme, busco y devoro blogs de estudiantes que cuenten sus aventuras/desventuras en este exilio patrocinado por la Unión Europea. Es tiempo de ser una fiesta de despedida, una gestión burocrática constante, pero me ha parecido también un buen momento para empezar unos capítulos Erasmus. Sin caer en epopeyas, gracias, que también las he visto. Con el fuego del portátil sobre las piernas. A ver lo que me dura.

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