Hacía fuego, más aún en las cabinas de los locutorios. Con un excel de habitaciones recién dejadas por estudiantes que me dieron en la Universidad y que valía su peso en oro, un bolígrafo y un cuaderno entero para destrozar a tachones, filtré por S, de estudio, y por 350, de precio máximo, y me topé una y otra y otra vez con torpes 'lo acabamos de alquilar'. Hasta la segunda página a la mitad, más o menos.
- He visto que alquila un estudio, 350 euros, ¿verdad?
- Sí, bueno, no, al final lo he subido, ahora son 385, verás, tuve ciertos problemas el año pasado, los estudiantes dejaron la casa fatal, hubo disturbios y todo y jajaja, y para evitarme problemas, y bla, y bla, bla.
- Ok, ok, cuándo puede enseñármelo.
- A las 8.
Y así fue como me pudieron la desesperación, los 50º de la cabina telefónica y el pilot destintado. Como aumenté inconscientemente mi tope mensual, quedé con el señor casero, hiperactivo, de gafas metálicas y un bebé atado a él, me sonrió el good karma y encontré el estudio más diáfano, más luminoso, más Ikea, más mío, de Amberes. Estoy segura de que H&M podrá soportar mis 35 euros menos de consumo al mes.
Ahora, a una semana de marcharme, busco y devoro blogs de estudiantes que cuenten sus aventuras/desventuras en este exilio patrocinado por la Unión Europea. Es tiempo de ser una fiesta de despedida, una gestión burocrática constante, pero me ha parecido también un buen momento para empezar unos capítulos Erasmus. Sin caer en epopeyas, gracias, que también las he visto. Con el fuego del portátil sobre las piernas. A ver lo que me dura.
Ahora, a una semana de marcharme, busco y devoro blogs de estudiantes que cuenten sus aventuras/desventuras en este exilio patrocinado por la Unión Europea. Es tiempo de ser una fiesta de despedida, una gestión burocrática constante, pero me ha parecido también un buen momento para empezar unos capítulos Erasmus. Sin caer en epopeyas, gracias, que también las he visto. Con el fuego del portátil sobre las piernas. A ver lo que me dura.
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