lunes, 4 de octubre de 2010
Frituur
Camino rápido hacia casa y me prevengo de no caer en comprar un frituur (enorme caja de patatas fritas sin escatimar en salsa). Es lunes, son las doce y media y he cumplido: hoy no salgo. La fiesta que organizaba esa red de campamento Erasmus rozaba lo ridículo: cóctel gratis si haces algo 'radical' en tu peinado. Así que los radicales se hacían con sus zumos mientras la vida española, la más numerosa en Amberes, volvía a beber cerveza barata bajo el árbol de Ossenmarkt. Y es que los primeros días de octubre están siendo un regalo climático... Quizá no el mejor para empezar la vuelta a la facultad, pero aquí todo es cuestión de no perder el bucle de las mínimas horas de sueño diarias para no dejar de hacer nada. En ningún momento. Ni siquiera de escribir, de leer o de ver una y otra y otra vez las fotos del día anterior cuando la madrugada está a punto de colarse por la ventana. Como aún le quedan unas horas, y dado que Jo lo demanda, maravillaré sobre el sistema Erasmus en la facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Amberes: te damos quince días para que pruebes las asignaturas que te apetezca; luego ya decide con cuáles te quedas -que alguien les cuente esto a los de la UCM, gracias-. Y en eso estoy, en picotear durante la semana para que, llegado el viernes, quede claro qué haré con la vida no-festiva hasta febrero. Ya para entonces os lo cuento. Ahora sólo me apetece un frituur.
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