En Bélgica, de momento, la ley antitabaco se parece a ese intento descafeinado de hace ahora cinco años en el que los hosteleros podían decidir si en su local había humo o no. Pero en nuestra vida independiente no hay más ley que la de los caseros que pueden presentarse a cualquier hora, así que poco han tardado en volver las reuniones de cenar sobras, bajar a por cigarros a la night shop, beber el ron que traen inesperados invitados españoles y pasar el fin de semana contando historias aleatorias mientras los, ¿de momento?, desaboridos estudiantes belgas se vuelven a casa.
Quizá otra cosa no, pero historias hay para rato: están las de curry con galletas de chocolate y bizcocho con mostaza; la de la amiga que se abrió la cabeza, se fue a dormir y ya al día siguiente se acercó a que se la pegaran en el hospital; está la historia del pollo-mascota que comió tanto que no podía andar y hubo que intervenirle en modo urgencias; del amigo que decide probar, de vuelta de fiesta, si es posible sentarse diez minutos sin quedarse dormido… hasta que el amigo compañero llega a casa y le encuentra durmiendo en el suelo de la cocina; del amigo que en su primera noche Erasmus se partió el labio y tuvo que curárselo con una botella de ¡leche congelada!, o la de la amiga que ha tenido que madrugar tantas mañanas para que su compañera de piso, que la semana que viene aspira a Miss Bélgica, practicara su actuación de salsa con un profesor cubano. Será por historias, será por noches para repetirlas una y otra vez.
Pero el caso es que hoy he oído una que, en realidad, sube directa al top. La quiero mucho: es la de aquel compañero de universidad que, estando de prácticas en Chile, decidió que quería ser el mejor del mundo en algo y lo más adecuado que se le ocurrió fue recorrerse el continente, tienda de campaña y saco a la espalda, hasta llegar a Nevada para presentarse al Concurso Internacional de Barbas y Bigotes en la categoría Mosquetero (que es algo así). No ganó. Pero, ¿no es arte? O pura historia, de las que merecen ser contadas.
Mañana, cuando todos resaqueen y yo esté estudiando (y quiera morir porque, repito: malditas sean las fechas de exámenes del sistema Bolonia), apunto bien las referencias y os las traigo. Quizá alguien se inspire a ser el mejor del mundo en alguna otra cosa. Hasta entonces, buenas noches.
Lía
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