En realidad yo creo que nací indignada: una de mis especialidades es quejarme, y lo ha sido mucho antes de que Hessel escribiera Indignez Vous o de que un grupo de gente decidiera acampar en la plaza. Últimamente, mis indignaciones personales han sido, así en general, que la Comunidad de Madrid se comiera con patatas las becas Erasmus del curso pasado o que hace una semana Madrid se convirtiera en más infierno de lo que ya suele ser en agosto llenándose de peregrinos a los que la policía permitía incumplir la ley. Esto por poner dos ejemplos...
Pero si he titulado al post 'motivos para indignarse', ha sido porque me cuesta creer que, tal y como está el país, aún haya gente que diferencie entre 'los indignados' y los que no lo son. Ahí van un par de ejemplos de los últimos días: los 'jóvenes' de hasta 30 años podrán encadenar infinitos contratos temporales de formación y la hasta ahora inamovible Constitución se va a reformar, así de repente, para ponerle un 'techo' al déficit público. Lo primero significa que de ahora en adelante va a haber treintañeros cobrando unos 480 euros mensuales. Lo segundo, que la salud y educación públicas, entre otras cosas, van a sufrir (más) recortes seguro.
Éstas son las dos últimas noticias que me han 'indignado', pero será por material... El corruptódromo, o mapa de la corrupción en España, me parece de lo más representativo: seas joven o viejo, estudiante o trabajador, de un partido o de otro, a ti los políticos también te han robado. Y si me pusiera a poner links, no terminaba.
¿Y, con todo, en serio todavía hay gente que no se indigna? Pues debería.
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