martes, 26 de enero de 2010

Bruselas is ugly

Seis meses después, sigo con mis crónicas interraileras. Pero porque la dicha es buena. Mucho más que buena si se trata de hablar sobre Bruselas.




Realmente, no sé qué esperaba de esta ciudad -bueno, ni siquiera sé si esperaba algo-. L
o poco que había oído sobre ella eran fealdades: que si lo único que hay son ejecutivos, que si la gente es borde, que si los edificios no concuerdan... vamos, que ¡es horrible! Cuando, tras un par de días en Brujas con excursión en bicicleta al mar del Norte incluida, llegamos al hostel más inquietante del viaje (Sleep Well, por si a alguien se le ocurre ir por allí), nos hicimos con una Use It (maravillosas a la par que bellas guías turísticas belgas, gratuitas y para jóvenes) y se confirmó la cosa: "Brussels is ugly, and we love it. And if we don't love it, we live with it. So don't be surprised that we built a terrible apartment block next to an art nouveau jewel, or a pseudo-classical monstrosity in front of the central station". Y entonces fue cuando nos pusimos a pasear mapa y cámara en mano. Que ya que estábamos, había que conocer la capital de Europa.






A partir de ahí, todo lo que puedo contar son bondades de forma cronológica. Empezando por la vista de 360º que ofrece gratis el -posiblemente- edificio menos turístico de la ciudad (el Parking 58, un parking -sí- con una azotea a la que se llega en montacargas), y siguiendo por sus tiendas de cómics, videoclubs y paredes aleatorias decoradas con viñetas de Tintín. Y por sus skatepark sobre las vías del tren (Recyclart: visita obligada), e incluso por sus tonterías turísticas (¿una estatua milimétrica de un niño haciendo pis? Gracias) y plazas abrumadoramente ornamentadas consideradas patrimonio de la humanidad (complementadas también, por cierto, con grupos de españoles haciendo botellón en el suelo...).


Sinceramente: lo poco que vi de Bruselas durante el día -la tarde- me encantó. Tiene ese aire berlinesco en el que
nada es bonito pero todo mola y en el que en cada esquina puedes encontrarte la sorpresa de la ciudad.



Y la noche no fue menos. 'Naiara, no me líes', sentencié contundente al salir. Y nos dieron las cinco escuchando Michael Jackson en el increíble piso de un estudiante alemán de fotografía y su compañera estudiante de moda, donde no existían las camas -sólo los colchones- ni las paredes -sólo las construcciones a base de cajas de cartón-. Y, por supuesto, las fotos, los maniquíes, las vistas al centro de la ciudad y, de nuevo,
ese rollo de diseño destartalado por 600€ al mes -piso completo-. Pero ésa es otra historia. Lo importante es que, si tuviera que hacer dos recomendaciones para turistas en Bruselas, una sería la guía Use It y otra, imprescindible, el Delirium Bar, previo cervecero a cualquier noche festiva que se precie. Hablo en serio: un sitio que tiene el récord Guinness por el mayor número de variedades de cerveza (2004) no puede no merecer la pena.





En las fotos, pegatinas con filosofías de vida, el Parking 58 y yo, las azoteas de los edificios discordantes, arte urbano del lugar, paredes hechas con cajas de cartón y un techo cubiertos por 2004 tapas de barriles.

Es todo. Próximamente, y con esto terminamos, París.

1 comentario:

  1. No lo puedo creer??
    Has cometido un asesinato imperdonable!!
    Menos mal que eras pequeña, porque sinó sería cadena perpétua,juajua!

    En realidad parece de juguete, yo hasta que no he revelado el carrete no me he convencido de que era una cámara de verdad.

    Estoy deseando tu guía por París, es mi destino final elegido.

    PD: Me encanta la imperfección de los edificos de Bruselas.

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