Como todavía no me he quejado veces, aprovecho esta pausa en el estudio que me he tomado para volver a hacerlo: lo de poner los exámenes en enero es perverso. En el diciembre madrileño preferí darme a la vida social que a la intelectual y así me pasa, que la vuelta a Amberes se está haciendo estudiantilmente cuesta arriba. Nada nuevo, la verdad. Bueno, sí, que esto no es la Complu sino Europa, y que aunque ya he comentado que pese a eso no es (demasiado) difícil, sí es cierto que se le añade el componente de seriedad del que carece -mucho- mi facultad (Ciencias de la Información) en España (y hablo de ella en concreto porque es la que practico). Por poner un ejemplo: le he enviado uno de los trabajos (belgas) a un profesor (español) y ‘hasta donde su inglés le ha permitido’ le ha parecido “serio, documentado, digno de doctorado”. Me encantaría sentirme halagada, pero comparando cómo funcionamos allí y cómo se funciona aquí no puedo hacerlo: resulta que lo de documentar trabajos universitarios no es un requisito, es simplemente la forma de elaborarlos. Y más allá de eso pueden ser buenos, malos, dignos de doctorado o pura patraña.
En cualquier caso, decía, esta vida cuesta arriba de reclusión entre hogar y biblioteca, mientras en la calle hay unos estupendos 11º (aunque lo que estoy ahorrando en plena cuesta de enero qué, ¿eh?), sigue. Y lo hace, hasta el día 21, con música para imaginar un verano de carretera americana (yo pincharía), o, mismamente, un futuro de teocracias cristianas como el que se montó Trent Reznor en Year Zero y que tan bien me está viniendo para llenar páginas y páginas en un trabajo sobre marketing viral (¿veis lo que os decía?). Sigue a base de una nueva cervecita de vez en cuando, antes de que se produzca el exilio y el 80% de mis amigos vuelvan a sus países para el segundo cuatrimestre, y de mucho café desde que mi madre me ha cedido su cafetera gigante y no tengo que lavar la mía mini cada vez que quiero uno. Esto últimamente me provoca insomnio, que, al igual que los exámenes me van bien para ahorrar, me va bien para estudiar. Y para hacer descansos y quejarme y narrar mi vida en ellos.
Éste, de momento, ya está siendo más largo de lo que había establecido.
Hasta otro, besos,
Lía
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