Pero no sólo eso. Por supuesto, la #spanishrevolution también llegó a la ciudad del diamante, con menos eco que a la capital de Europa, claro, pero teniéndonos días enteros pegados a la pantalla del ordenador. Y es que ya es mala suerte que por fin pase algo (lo del Mundial, que también me lo perdí, no cuenta) en España, en Madrid, y me pille en el extranjero. Pero, eh, God bless Internet! Gracias a Twitter, por encima de todo, y del resto de herramientas y páginas por las que han corrido ríos de bits, he podido vivir el movimiento desde fuera. Y el asunto ha resultado más o menos así:
- Está una más al día en Bélgica, gracias a la información en la red, que su familia en España, gracias a la desinformación en los medios de masas. Al menos hasta el jueves 19, que fue cuando la acampada copó las portadas de los periódicos y todo el mundo empezó a hablar de ello. Hasta entonces, me he visto llamando a mis padres (que usan Internet en su justa medida) para decirles que la plaza de Sol estaba tomada, que los acampados eran pacíficos y que no tenía nada que ver con una conspiración comunista, entre otras cosas.
- No sé si es por esto de la desinformación o por qué, pero españoles a los que por edad les va a tocar lidiar con becas eternas, contratos basura, desempleo juvenil o, en el mejor de los casos, salarios de este calibre, y a los que los políticos también han robado (porque de esto no nos libramos ninguno), prefieren con orgullo irse de fiesta que apoyar a los que luchan por sus derechos. Decían que ‘más trabajar y menos protestar’. Supongo que en todas partes cuecen habas y en España ha pasado lo mismo. Lo que me sorprende es que viviendo fuera y dándose cuenta del nivel que se gastan por Europa sea así. Ah, espera… que igual están a otras cosas que les impiden darse cuenta.
- Hacer ruido en el extranjero es útil; tratar de copiar el modelo asambleario que se está llevando a cabo en España es más bien lo contrario. O eso me pareció a mí en la protesta de Bruselas: entre que el 80% de los asistentes eran estudiantes Erasmus que terminaban el curso en un mes, que de éstos la mitad venía de otras ciudades belgas y que el tren en Bélgica es caro (mínimo diez euros por el trayecto de ida y vuelta entre dos puntos, da igual cuáles), reunirse cada semana resultaba inoperativo. Por otro lado, durante los fines de semana en la parte política de Bruselas reina el vacío y no es el mejor momento para hacerse oír. Pero, eh, todo sea dicho: los españoles lugareños comentaban que nunca una protesta frente a la embajada había congregado a tanta gente.
- ¿Reacciones de otros estudiantes internacionales? Quizá de italianos y griegos, pero poco más, al menos hasta donde yo he visto. Algunos belgas se quejaban de que allí nadie se revoluciona pese a llevar ya más de un año sin gobierno. Al menos, y de esto puedo dar fe, no seriamente.
- Si me tengo que quedar con un artículo relativo al 15m, lo hago con éste del blog Trending Topics. Creo que el espíritu de la protesta no se puede expresar mejor: “Una de las cosas que más ha sorprendido de las protestas españolas a todos los que se pasaban por las plazas era la eficiencia con la que se han organizado pequeñas ciudades con todo tipo de servicios. Cada uno va allí y hace lo que mejor sabe hacer. Quizá es porque si la revolución es contra la opresión masculina, quemas el sujetador; si es contra la opresión religiosa, quemas la iglesia, y si es contra un sistema que no te deja trabajar y frustra tus talentos, curras hasta quemarte, literamente, por el sol primaveral. Lo sé: es una revolución de lo más raro”.
Esta idea de por qué tantos jóvenes se echaron a la calle me sirve también para explicar que, a un mes de terminar, he dejado la vida Erasmus para volver a Madrid. Supongo que si el sistema no te deja trabajar (especialmente en tu sector) pero de repente te da una (buena) oportunidad, ya pueden esperar la fiesta y el jolgorio, que tú te vuelves corriendo a pasar todo lo contrario a un verano Estrella Damm pero con ganas de reengancharte a la vida laboral.
De vuelta en la capital, por cierto, he podido pasarme por el campamento de Sol y comprobar que el objetivo se ha desvirtuado: la paz, el amor y la espiritualidad están muy bien pero una acampada pidiendo un cambio político no es el sitio para ellos. Pero ésta es otra historia.
Así que hasta la próxima (una recopilación de consejos básicos Erasmus para finiquitar el asunto, podría ser),
Besos,
Lía
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