En Madrid hace mucho calor, disfrutamos de un cielo de este tono, ir en bicicleta es un suicidio por muy de moda que esté y los pisos son caros. Nos despedimos todos del Erasmus en Amberes y quien no se iba a la playa se quedaba becado por Europa: venir a pasar el verano a la capital y encima a trabajar (y a preparar las de septiembre... pero en esta historia correremos un tupido velo) parecía el plan del más pringado, ergo, yo.
Pero como todos ya sabéis, me quejo de vicio. Porque en el fondo volver era lo que más me apetecía.
También a este blog.
Besos,
Lía
Volver, aunque parezca que no, también es empezar, como cuando nos fuimos. A mí también me apetece un poco.
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