domingo, 25 de marzo de 2012

Una huelga obsoleta

Esta semana he flipado. Está todo el mundo con lo de la generación perdida, y de repente me he encontrado a ocho chavales de entre 16 y 17 años, de todas partes de España y de toda clase y condición, con unas ideas, energía y ganas de hacer cosas que ya quisiera yo ver en los sobrecualificados de mi alrededor. Pero esta es otra historia. Por resumir cómo he conocido a estos chicos: hace cinco años (dios mío, cinco años ya) participé en este programa de una Universidad en EE.UU (no carga la página oficial). Cada año, cuando a la embajada estadounidense en España le toca hacer el proceso de selección del candidato español, llaman a los que ya hemos participado para que echemos una mano.

Una de las preguntas de la entrevista en persona es "qué le dirías a un estadounidense que no tiene ni idea de qué es España ni de cómo son los españoles". Tras los tópicos de lo majos y alegres que somos, la mayoría de chavales contestó que somos un poco parados a la hora de hacer cosas y tomar la iniciativa. La chica que finalmente se llevó la plaza dijo varias veces que los españoles son poco "risk-takers". A los encargados de seleccionar les encantó esta idea. Esta chica tiene 17 años.

Estando allí, en Estados Unidos, hace cinco años, a mí me preguntaron lo mismo. 18 tiernos años recién cumplidos, yo no tenía ni idea de qué responder porque nunca me lo había planteado. Me quedé un rato pensando y después de soltar los tópicos de lo majos y alegres que somos, respondí que éramos quejicas. Porque por a o por b, me parecía que nunca nadie estaba contento con grandes temas relativos al Gobierno, la Administración, la Seguridad Social, etc. Que siempre había alguna causa para estar en contra.

Otras percepciones (porque lo de arriba, que nadie se confunda, no son más que percepciones personales) sobre este asunto del quejarse las he visto últimamente en un par de extranjeros: primero, leyendo sobre el cantante Joe Strummer (cantante líder de The Clash) para este artículo, encontré un recorte de un libro en el que decía que, durante unas vacaciones en España, Strummer preguntó: "¿por qué os peleáis?" cuando todo el mundo estaba dando su típica ruidosa opinión en una conversación. Segundo, en la oficina: mi compañera Zoe, mitad francesa mitad holandesa, escuchó una mañana a la mitad de la oficina discutiendo sobre una apuesta que habían hecho y dijo "cuánto revuelo por tan poca cosa". Siguió trabajando y Ludmy, brasileña, se rió y comentó que esa era una opinión muy típica del extranjero que viene a España.

La huelga general

El próximo jueves hay una protesta generalizada en contra de la nueva reforma laboral. En mi caso, tenía que pasar y al final ha sido hoy. Es domingo, toca la visita semanal al hogar familiar y mi padre me ha preguntado: ¿harás huelga el jueves?

La verdad es que llevo desde que se convocó dándole vueltas al tema, porque por primera vez en mi vida soy una empleada de verdad, con el derecho a huelga que eso conlleva (porque, sí, aunque aún he conocido a gente que no lo sabe, la huelga es un derecho: aquí hay un buen artículo que explica los diez aspectos jurídicos a tener en cuenta ante la huelga general) y con la autonomía para poder tomar una decisión al respecto.

Además de ese enlace, los argumentos que he ido leyendo hasta ahora sobre la huelga, hablan de que si no la haces eres esquirol e insolidario. Un ejemplo, las FAQ de tomalahuelga.net. La huelga, dice la RAE, es no ir a trabajar. Es protestar y reivindicar algo "interrumpiendo la actividad laboral". La huelga general del próximo jueves busca que el Gobierno no apruebe la reforma laboral. Es decir, la huelga general es contra el Gobierno.

Los contratos

Hace poco he hecho un reportaje (aún no ha salido así que no puedo enlazarlo) sobre tipos de contratos. Todos los contratos que incluí se firmaban entre particulares, así que ambos pactaban las condiciones que querían. Apenas ninguna ley intervenía. En los contratos laborales, sin embargo, me explicaron que, al firmarse entre desiguales (el empresario es superior al trabajador porque posee los medios de producción) hay una base, unas leyes (el Estatuto del Trabajador y los convenios colectivos, principalmente) dadas por el Estado y que protegen al trabajador. Esa base es la que el Gobierno pretende cambiar con la reforma laboral.

No es que yo esté a favor de la reforma laboral. En general no estoy a favor del partido que nos gobierna, por eso no le voté, pero que casi once millones de personas lo hicieran y eso suponga que el PP gobierne con mayoría absoluta es otra historia (la historia de una ley electoral poco representativa) que ahora no procede. El argumento de que el PP tampoco incluyó lo que ahora pretende hacer en su programa electoral tampoco me sirve: ni que fuera la primera vez que ese partido miente. Leed los periódicos. Lo hacen todo el rato. De verdad que no sé qué confianza pueden dar a los ciudadanos unos partidos que tienen el mapa de España hasta las cejas de corrupción. Es algo que todavía no he llegado a comprender.

Pero eso, otra historia. A lo que iba: si la huelga es contra el gobierno, si yo estoy enfadada con el Gobierno y sus reformas, ¿por qué iba a dejar de trabajar si mi empresa no tiene nada que ver con el Gobierno? ¿Por qué iba a ser una esquirol insolidaria haciendo algo que no tiene nada que ver con lo que este Gobierno haga y deshaga?

Las leyes laborales

Las leyes laborales están para proteger al trabajador contra el empresario, que es superior. Hay una relación de desigualdad, sí, pero en el fondo, por mucho que diga el gobierno, al final las relaciones laborales son entre el trabajador y el empresario. Hay leyes con muy buenas intenciones que no funcionan. Venga, que lluevan los ejemplos: en este artículo de Laboro, un blog en el que saben muchísimo sobre temas laborales, dan cuenta de los trucos que utilizan los empresarios para hacer lo que les dé la gana. 

Que levante la mano a quien no le resulten familiares situaciones como: "que te hayan mandado unos días al paro entre contratos, que te hayan hecho contratos con categorías distintas, que te hayan obligado a hacerte autónomo durante un tiempo, que te cojan un tiempo por ETT y otro por la empresa..." Yo añado el de los universitarios a los que les piden que no terminen la carrera para poder mantenerles con contratos de prácticas. Laboro continúa: "la única razón de ser de todos esos "trucos" es que tú te creas que los contratos son correctos y que no les demandes, con lo que les costará ponerte en la calle muchísimo menos dinero. Fraude de ley es utilizar estos "trucos" legales para conseguir un resultado contrario al que la propia ley pretende".

Los pequeños gestos

Hace unos meses recibí en Madrid la visita de un amigo alemán. Dije: ¡te voy a enseñar mi facultad! Me encantó su reacción. Al ver la decadencia del lugar, la cafetería y su comida grasienta, el rollo de la UCM en general, Michael reflexionó y dijo: "¿por qué acampas en Sol pidiendo "democracia real" en lugar de empezar por pedir que os arreglen el edificio o que os pongan una cafetería en condiciones?"

Creo que los pequeños gestos son los que funcionan. Siempre recurro al ejemplo que ocurrió en mi instituto hace unos años. Una de las persianas de la clase se rompió. Era primavera, empezaba a hacer solete y en clase teníamos que estar con luz artificial porque la persiana no subía y nadie la arreglaba. Lo dijimos una y otra vez pero nada. Al final se nos ocurrió poner una pancarta pidiendo que arreglaran nuestra persiana. El asunto cogió eco en el instituto, al director les fastidió que hiciéramos público que no arreglaban la persiana y voilá! Un par de días después de poner la pancarta, persiana arreglada. Y de este tipo me sé algunos otros ejemplos.

Cuando pides algo práctico y con base, no queda más remedio que te escuchen. Hay un párrafo en este post con el que no puedo estar más de acuerdo. Es una reflexión sobre "lo que funciona" y viene a decir esto: pide cosas concretas y razonables y, al que tiene el poder, no le quedará otra que hacerte caso.

Y aquí volvemos a las percepciones del principio. Tengo la sensación de que mucha gente se queja a lo grande pero a la hora de hacer pequeños gestos, como defender sus derechos en el propio puesto de trabajo si la empresa está haciendo truquitos legales, pagando una mierda, etc. cuesta mucho más. Ah, claro, eso entraña un riesgo. El de enfrentarse directamente. El de que te echen. Pero si tragas cada día, si aceptas condiciones con las que no estás de acuerdo, y en muchos casos con un empresario que puede ser como tú (recordemos que el 99,88% de las empresas españolas son pymes, así que es más ajustado a la realidad pensar en el empresario no como Emilio Botín sino como el panadero de debajo de tu casa) no entiendo lo de ir luego a protestarle al Estado.  

Un sistema obsoleto

"Soy autónomo, pero antes ciudadano. Me manifestaré en contra de la reforma laboral", me ha dicho Ángel por Twitter cuando he preguntado quién y por qué haría huelga. Que la reforma se carga muchos derechos laborales adquiridos es totalmente cierto. Que la ciudadanía en general (también el 99,88% de las empresas - recordad que al panadero de debajo de casa le comprarán menos pan si los ciudadanos no tienen dinero) está perdiendo con la crisis, también. Pero en este caso concreto de la huelga general me siento un poco como la mayoría de los españoles trabajadores, que dice hoy una encuesta en El País: el 69% de la gente que tiene trabajo no hará huelga. Se muestran RENUENTES. 

"Normalmente, las huelgas —como los referendos— se convocan para ganarlos, pero en algunas ocasiones (como parece ser ahora el caso) también porque no queda más remedio. Los sindicatos son, sin duda, conscientes de la escasa predisposición de los españoles, tal y como ahora andan las cosas, a perder un día de sus haberes por un tipo de protesta que tienden, crecientemente, a considerar obsoleto y poco eficaz."

Pues eso. A mí dejar de ir a trabajar para protestar contra el Gobierno me parece obsoleto. Respeto totalmente al que lo haga, pero en mi caso, defender día a día pequeñas cosas, ya sea en mi trabajo, en mi Universidad o en cualquier tema que me afecte, me parece más eficaz. Igual de eficaz que no votar a partidos de corruptos, pero de nuevo, esto es otra historia. Dicen los defensores de dejar de ir a trabajar el jueves que es el instrumento de presión más poderoso. ¿Todos de acuerdo? Ante un cabreo ciudadano tan generalizado, me pareció mucho más poderoso que durante un mes la plaza de Sol estuviera acampada. No sé hasta qué punto eso fue eficaz, pero sí que ha sido el germen para que distintos colectivos se hagan más fuertes (algunos ya existían antes) reivindicando cosas prácticas: el Stop Deshaucios, la Marea Verde, los chavales del Instituto de Valencia... En general, con el 15M mucha gente se puso a trabajar en los temas que le tocaban: "quizá es porque si la revolución es contra la opresión masculina, quemas el sujetador; si es contra la opresión religiosa, quemas la iglesia, y si es contra un sistema que no te deja trabajar y frustra tus talentos, curras hasta quemarte, literamente, por el sol primaveral. Lo sé: es una revolución de lo más raro". No hay artículo que defina mejor lo que aquello supuso en un principio.

No hay nada que me parezca mejor que ser inconformista y defender derechos. Pero dejar de ir a trabajar el jueves me resulta poco eficaz.

Si alguien tiene otros argumentos, estaré encantada de leerlos.

Besos,

Lía

5 comentarios:

  1. He oído mil y un argumentos para no hacer la huelga en los últimos días y, ciertamente, los tuyos parecen bastante razonados, pero los resumiría en dos puntos:
    - La huelga general no perjudica directamente al gobierno sino a tu empresa.
    - Con los pequeños gestos se consigue más.

    El segundo punto no es incompatible con la huelga. Y con eso ya queda descartado como argumento. Estoy completamente de acuerdo con que hay que actuar consecuentemente con tus ideas y que hay que intentar "mejorar" (o, más bien moldear, conforme tu subjetividad te guíe) aquellos espacios en los que nos veamos involucrados. Pero con estas mini-acciones existen ciertos cambios que no pueden ser llevados a cabo, dado que hay momentos en los que el "ente" del que depende la corrección del problema es algo demasiado grande y lejano como para que las pequeñas acciones surtan efecto. Cuando pones como ejemplo STOP DESHAUCIOS se remarca esto. Sin el 15M (una gran masificación de gente) ni me planteo cuándo se hubiese conseguido que la dación en pago fuese una realidad o la implantación de una ley de transparencia. Todo esto son cosas que se llevaba pidiendo desde hace muchísimo tiempo por pequeños colectivos pero ahora ha sido una masificación de gente poniendo el grito en el cielo la que lo ha conseguido.

    En este caso, el objetivo a modificar es claro: la reforma laboral. Muchos estamremos de acuerdo en que perjudica a los trabajadores actuales y futuros. Puede que reduzca el paro en unos meses, pero a costa de la dignidad laboral, a costa de no saber si vas a seguir mucho tiempo en un mismo lugar o si te intentarán mandar a Laponia a continuar con tus labores dándote como alternativa un despido barato, a costa de encadenar contratos de prácticas casi eternamente. El objetivo es claro. Las pequeñas actuaciones no resolverán nada (el voto ahora no sirve). ¿Cuál es, entonces, la alternativa que nos queda?

    Un mes al "Sol" puede que sea más útil que nada, pero el gobierno ya ha tomado nota de esa estrategia y imagino que el pueblo estará también reacio a repetir algo tan grande (aquellos que tenían empleo no podían actuar habitualmente con esta estrategia), pero sobretodo, la petición se difuminaría entre muchas otras.

    Necesitamos una acción potente y determinada. La huelga jode a las empresas y a los trabajadores, con lo que generará descontento en ambos. Ahora, la clave está en que ese descontento se canalice hacia un mismo objetivo: la reforma. Si la mitad de los trabajadores y la mayoría del empresariado canaliza su malestar tras la huelga hacia los sindicatos todos perderemos. Y esto va a pasar si los que acuden a la misma son pocos. Un descalabro en la huelga sería penoso para el "poder" del trabajador. Quedaríamos tocados. La reforma no se cambiará quizás de ninguna de las dos formas, pero si la huelga es un fail, quedará respaldada a ojos del gobierno y los medios de comuniación.

    Es cierto que los sindicatos han sido unos chapuzas en muchos casos. Es cierto que los mayoritarios nos tienen cansados y que es posible que la organización de los mismos esté viciada por los mismo maniqueísmos que la democracia que intentamos regenerar. Pero ahora es momento de unirnos por un problema común.

    El número es lo que hará daño al gobierno, no la huelga en sí. Espero, almenos, haberte hecho dudar.

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    1. Gracias por tu largo comentario :) agradezco mucho leer otras opiniones. Me haces dudar con el que quede respaldado a ojos del gobierno y de los medios, pero sea la huelga un éxito o un fracaso la experiencia me dice que medios y gobierno construirán su realidad paralela a su antojo. Y lo que decía, no dudo de las acciones potentes, determinadas; no dudo de las protestas (por eso es muy posible que me manifieste). Dudo de dejar de ir a trabajar un día a una pyme que nada tiene que ver con el gobierno como forma de reivindicación.

      Gracias de nuevo y saludos!!

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    2. "Dudo de dejar de ir a trabajar un día a una pyme que nada tiene que ver con el gobierno como forma de reivindicación."

      Te comento cómo lo veo yo:
      Así como las empresas grandes se organizan mediantela llamada CEOE, organismo con peso similar (o superior) al de los sindicatos en las negociaciones con los gobiernos para la mejora/modificación de las leyes en beneficio propio (o común, según como se vea); las PYMES tienen su propio organismo: la CEPYME, con fines similares.

      La presión que ejerces sobre la PYME que sostienes mediante tu trabajo debería traducirse en una presión de la misma sobre la CEPYME para que negocie con el gobierno acuerdos que no provoquen de nuevo grandes pérdidas como las generadas por una huelga general.

      Ni los empresarios son el diablo, ni los trabajadores son hermanitas de la caridad, eso lo tengo claro. Pero el marco que nos "imponen" (democracia irreal, mediante) es de sobras perjudicial para todos como para que hasta los empresarios entiendan el descontento. En tu PYME deberían solidarizarse contigo, con sus familiares trabajadores, con la gente que nos rodea y presionar a su organismo para que incite al gobierno a modificar su recién aprobada ley. La huelga es el toque de atención mediatico para atraer a más PYMES y grandes empresas a la presión al gobierno. Si la llamada patronal no intercede por los trabajadores en un marco que perjudica a todos, debemos presionarla para no ir solos contra el gobierno. Solos no lo conseguiremos.

      Siento la extensión del comentario anterior y, imagino, que cuando publique este tendré motivos para sentirlo de nuevo.

      Un saludo. Y gracias, por hacerme pensar.

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  2. Hola,
    Yo sólo quiero comentar que una vez la reforma laboral tome consistencia en la vida de los trabajadores y muchos de ellos sean despedidos sin apenas compensaciones, surgirá una pregunta que me gustaría saber si tu puedes responder. ¿Será realmente importante arreglar/mejorar la cafetería de tu oficina si estás despedido?
    Las pequeñas cosas en el día a día son una buena propuesta para mejorar la calidad de vida laboral. Pero realmente me interesa más que me paguen 40 días si me despiden que 20 que qué haya sillas buenas para sentar el culo cuando me tomo un café.
    Yo trabajo y quiero cobrar a final de mes. Si me echan, quiero que me indemnicen. Quiero jubilarme cuando me toque y no cuando lo decidan ellos.
    Hay que mejorar lo que llamo la 'sociedad laboral' pero por favor, no busquemos excusas tontas para no ir a una huelga porque a todos nos jode que nos quiten un día de sueldo.
    Es mejor ser sincero y decir que quieres cobrar ese día (¡y muy lícitamente!) que tratar de buscar una mentira que empañe la realidad de este país de fracasados.
    Y a todo esto quiero añadir que no estoy diciendo que yo haga o no haga huelga, simplemente me parece que aunque intentas razonar muy bien tus motivos para ir a huelga, a mi modo de ver; flaquean por todas partes.

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    1. Hola, gracias por tu comentario. Primero, lo de la cafetería era un ejemplo y me refería a la de mi facultad. Segundo, lo de cobrar o no cobrar el día ni me lo había planteado. No he echado cuentas pero supongo que podría sobrevivir perfectamente sin cobrarlo, que no sería mayor problema. Pero al pensar si hacía o no huelga valoré todo lo que escribí arriba, concluyendo que me parece un método obsoleto para quejarse. Sobre todo cuando no veo el enlace entre el día a día en mi empresa y las decisiones del gobierno. Para protestar contra ellas puedo manifestarme, por ejemplo, o no votarles. Pero dejar de trabajar no me parece la solución, y es un argumento que personalmente no me "flaquea" por ningún lado.

      Igualmente, gracias por pasarte y comentar. Agradezco todas las opiniones!

      Saludos!

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