De Legazpi a Atocha es todo cuesta arriba, como Madrid en general, pero todavía tengo buenas piernas. Combino acera, llena de gente lenta, y carretera, de coches acelerados. Diez o quince minutos después estoy, por fin, en la estación. Una señora que va a coger el mismo tren que yo se sorprende: "ah, ¿pero te dejan meter la bici en el tren?". La línea Parla-Colmenar Viejo no tiene limitaciones, gracias al cielo. Media hora después, estoy en Tres Cantos. Salgo de la estación y cojo el carril bici que recorre la ciudad y me lleva directo a casa. También podría haber ido andando si hubiera decidido dejar la bicicleta en la estación, como he hecho otras veces sin que nadie me la robara.
Siempre que vengo a Tres Cantos tengo la sensación de que es una burbuja en la que todo funciona bien: la última es que haya carril bici y se esté implementando un sistema de alquiler de bicicletas público, pero antes de eso está la razonable tasa de paro, los institutos públicos bastante arriba en el ranking de la Comunidad, el filántropo Bill Gates mencionando la investigación tricantina, un estudio diciendo que es una de las diez mejores ciudades españolas para vivir, los grandes y limpios bulevares, siempre más a rebosar que el par de centros comerciales de la ciudad (que apenas funcionan), las familias en chándal paseando a los niños, los parques... Como una ilusión al lado de la jungla que es Madrid, vamos.
Por eso, cuando esta semana he caído en un par de noticias negativas sobre mi encantadora ciudad dormitorio no he podido dejar de sorprenderme. ¿Que los concejales se suben el sueldo en plena crisis, con el consiguiente cabreo ciudadano? No salía de mi asombro: de repente algo parecía ir mal.
Sin embargo, y tras trastear un poco qué estaba pasando que de repente habíamos sido portada de Menéame (para contextualizar, lo mejor es esta pieza de TVE donde se explica todo), pronto me relajé: todo funciona tan bien que hasta la denuncia ciudadana es ejemplar. De hecho, posiblemente por ser tan activa en la red, por el buen trabajo que está haciendo la Asamblea Popular grabando vídeos para explicar qué se cuece en los plenos municipales es por lo que la noticia ha terminado en el telediario. Basta echarle un vistazo a su canal de youtube.
Justo hoy le decía a un amigo, con eso de que hay paro, los medios solo contratan a 300 euros y por seis meses, la incertidumbre nos sobrecoge y estamos todos que no sabemos qué hacer, que hasta en los sitios más pequeños hay historias que contar. Precisamente estoy convencida de que, incluso en la ciudad donde todo funciona bien, saldrá más mierda que necesitará ser contada. Unos ejemplos: los políticos ya hicieron sus pinitos en la corrupción y esa es ahora una zona medio parada, como bellos esqueletos de PAU. Mil personas han tenido problemas con la adjudicación de otras de esas viviendas, de protección oficial, y llevan años de lucha contra el Ayuntamiento y la constructora. Y la Asamblea Popular, con un vídeo muy a lo Españistán, denuncia otra "recalificación anunciada".
Saldrá mierda, pero mientras los vecinos se defiendan y lo cuenten tan dignamente, oye, bien.
Por cierto, con todo este revuelo solo me sorprende que nadie se haya acordado de esto: "El equipo de gobierno de Tres Cantos del PP se baja el sueldo y la oposición lo rechaza".
En fin, para contarlo.
Besos,
Lía
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