domingo, 20 de mayo de 2012

Y ahora, ¿dónde nos vamos?

Hace unos días paseaba en bicicleta por mi barrio y una señora francesa me paró: que por la acera no, que tomara la calzada. Mientras la escuchaba, un chulapo madrileño que venía del festejo en La Pradera empezó a gritar que se fuera a su país y que me dejara, a mí, en paz. Que yo era española y estaba en mi pleno derecho de hacer lo que quisiera.

España, mayo de 2012. El país lleva varios años echándonos. Tras mostrar lo bien que vivían los españoles por el mundo, hoy dice, ya sin reparos, que tomes el primer vuelo a Londres y te pongas a servir café. Con un desempleo del veintitantos y ninguna esperanza de arreglarlo a medio plazo o invertir en sectores que funcionan a largo, para el gobierno es más fácil invitar al ciudadano a marchar. En la calle, mientras tanto, aún quedan con mayor o menor moderación 'peristas', de los de 'yo no soy racista pero'.

Berlín, mayo de 2012. "Ve al bar Las Primas: allí suelen reunirse los españoles que llegan de primeras a la ciudad", me aconseja Carolina, la editora de Berlín en Español, un medio que publica artículos prácticos para los españoles que quieren probar suerte allí. Voy. Dentro, vino, tapas y esa noisy conversation que se repite día a día en cualquier bar español, ya esté en España o en el extranjero, por lo que veo. Que si qué mal todo, que si fíjate lo que están haciendo, que si la burbuja inmobiliaria, que si el crédito, que si hemos vivido por encima de nuestras posibilidades... La camarera me cuenta su historia: viendo el poco futuro que ofrecía Barcelona, hizo las maletas y desembarcó en Berlín. "Llevo dos años aprendiendo alemán y trabajando como camarera. Ahora que ya sé hablarlo, voy a empezar un proyecto de lo mío".

Un chiste que se repite por mi timeline


¿A nadie le resulta familiar? Los españoles por el mundo ya no son tal, sino cerebros fugados o padres de familia que a la desesperada terminan en Noruega. En 2011, por primera vez en muchos años, el saldo migratorio español fue negativo: más de medio millón de personas abandonó el país, unas 50.000 más de las que vinieron. La campaña 'vente para Alemania, Pepe', de Frau Merkel pidiendo ingenieros - "¿por qué el gobierno está pidiendo españoles?", se pregunta Carolina. "Porque salen más baratos..." - consiguió que, en el primer semestre del año pasado, la emigración a Alemania se duplicara.

"Y lo que ha pasado estos últimos seis meses es que ya es gente con familia la que empieza a escribirnos", continúa. "La gente está muy desesperada. Recibimos desde preguntas básicas, de 'me quiero ir a Berlín, ¿qué hago?' hasta 'soy ingeniero, tengo dos hijos, ¿por dónde empiezo? ¿Cómo consigo un trabajo?'".

Las recurrentes comparaciones con Alemania llevan un tiempo inundando la prensa. "Hombre, hija, Alemania... ¡Alemania!", suelo escuchar en casa. "Angela Merkel tiene un equipo de comunicadores brillantes que han creado esa imagen fuera de una Alemania fuerte, económicamente sana y sólida", explica una corresponsal alemana en este artículo. Y "la realidad es que la economía alemana creció apenas un 0,1% en el primer trimestre de 2012. Además, tiene un endeudamiento estatal que llega a un 81% de su PIB, mientras España todavía está por debajo de esa cifra. A largo plazo, con todos los compromisos de prestaciones sociales, Alemania tendrá un problema mucho más grande de gestión de gastos que España", continúa.

De comparación en comparación, hasta Jordi Evolé se fue a Alemania a ver cómo trabajaban allí y por qué nuestra reforma laboral era 'a la alemana'. En el programa (viva Salvados, por cierto), salía alguna voz crítica con la reforma que se marcaron allí y que, dicen, tan bien les permite ofrecer cifras saneadas.

Y es que en tal explosión informativa de noticias relacionadas con Alemania, habréis oído hablar de los eurojobs y, sobre todo, de los minijobs: trabajos temporales de 400 euros de salario máximo. De los que alertan algunos cuando se plantea implantarlos en España o cuando perciben a demasiada gente emigrando a lo loco (consecuencias de la desesperación). Por lo que me explicaron allí, son trabajos de baja cualificación (fregar suelos, lavar platos, como cuenta el anterior enlace) y que la gente complementa con ayudas estatales. "Aquí se considera que una persona necesita X plata para vivir. Puedes tener un eurojob o minijob, pero si no te alcanza para tus cuentas estás obligado a pedir ayudas al estado. Siempre la dan siendo alemán, y si eres europeo tienes que haber trabajado mínimo seis meses aquí para poder postular", me explica Carolina.

"Mi impresión general", comenta, "ha sido que la gente que no hace nada es la gente que lleva aquí mucho tiempo y que no ha conseguido trabajo, entonces, o ha tenido trabajillos y ha conseguido ayudas sociales... Pero la mayoría de los españoles vienen con la intención de trabajar. Ahora, no sé, me parece que mucha gente regresa, porque no están dispuestos a trabajar toda su vida de camareros. No progresan. (...) Para los latinos no es tanto rollo, pero para los españoles es más duro, porque son europeos y esperan ciertas cosas. Y no mucha gente está dispuesta a hacer ciertas cosas".

En mis últimas visitas a Berlín varios amigos alemanes me han comentado: ¡esto está lleno de españoles!  ¡Se les reconoce por sus pintas y porque cuando van en grupo hablan muy alto! Cada vez conozco a más gente que se queda allí. Aunque la realidad no es tan exagerada (echadle, por dios, un vistazo a este artículo de Berlunes en el que da un repaso a la tipología del emigrante español en Berlín), y son los turcos los que se llevan la palma (un dato curioso: el kebab - EL KEBAB - se inventó en Berlín), la cifra de españoles allí ha crecido en los últimos años y va cuesta arriba. La embajada de España en la ciudad contabilizó el año pasado, dice esta noticia, 5.000 nuevos emigrantes. "Friedrichshain hace unos años era estar en Madrid o Barcelona, hace dos o tres años andabas por ahí y era escuchar español en todas partes", relata Carolina. 

"Es posible que sin embargo ustedes (...) tengan la sensación de que hay muchos más españoles en Berlín de los que dice el censo. Esto sucede no porque el censo esté mal sino por nuestro carácter gregario y por nuestra tendencia a hacer mayor número y diversidad de amistades que los demás colectivos", decía el imprescindible (por si no lo habéis notado) blog Berlunes. Va, es verdad: yo lo he visto en mi año de Erasmus. Ya comenté que la imagen del español medio es que "somos muy majos pero llegamos tarde, no sabemos hablar inglés (ni alemán) siempre vamos todos juntos y hacemos ‘fiesta’". Unas joyas a la hora de integrarnos, vamos.

"Yo aquí noto un poco de racismo implícito", opinaba uno de los amigos españoles con los que quedé en Berlín. "What!". "Sí: existe pero no se dice porque tienen sentimiento de culpabilidad por su pasado". Quizá lo que decía mi amigo suena un poco fuerte, pero en el fondo nada que no pase en cualquier sitio.

Y volvemos al chulapo del primer párrafo. O a los rollitos nacionales de los que ya hablé en su momento. Carolina coincide: "es una sociedad muy abierta y si eres víctima de racismo o de cualquier tipo de discriminación puedes denunciarlo. Que hay, hay. pero es igual en todas partes. En Chile con los bolivianos y los peruanos. Es así. No es especial. Con los españoles, pero como en todas partes, que sí, que hablan fuerte, que cómo se visten... Y los berlineses tienen eso, pero hay que entender que pasó lo mismo en España con el trabajo. Si no hay trabajo y viene gente de fuera, muchos lo ven como competencia, como que toda la culpa la tienen los inmigrantes. Pero yo creo que hay mucha gente, la mayoría, que lo ve como algo positivo, a la que le gusta la diversidad. Hay muchos niños alemanes y sus padres quieren que aprendan español u otros idiomas, mucha gente estudia turco porque le gusta, hay muchos alemanes casados con turcos..."




La cuadratura del círculo, ¿o no?

Solo en Berlín, Carolina termina prediciendo que "en unos años, se va a dar un fenómeno: por ejemplo, en las oficinas estatales ahora sólo hay información en francés o inglés, y terminará habiendo en español (...) Hay gente que viene con muchas ganas de trabajar y de hacer cosas, y a medida que la comunidad va creciendo... Igual que los turcos, serán todo kebabs, pero son gente muy organizada. No necesitan aprender el idioma porque ellos mismos se generan y autogestionan su trabajo, su espacio. Y algo parecido está pasando con la movida española".
Consecuencias, supongo, de que a la generación sobrecualificada a la que le han robado los sueños, que no sabe qué hacer y ni siquiera tiene a qué agarrarse no le quede otra que buscar dónde irse. Aunque le digan por activa y por pasiva ni Londres ni Berlín son un paraíso laboral.

Y lo sé porque más allá de datos, datos, que es lo que nos gusta, lo veo sin parar a mi alrededor.

Precisamente el amigo alemán que me alojó en este viaje me dijo que me veía demasiado preocupada por 'domestic issues', aka, la situación de España.

Pero, lo dicho, como para no.

Con esto, y aprovechando que llega la primavera y con el sol me pongo de mejor humor, espero terminar los posts del pesimismo que subo últimamente. Hasta entonces, nos vemos, por ejemplo, en Twitter.

Besos,

Lía




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