sábado, 23 de junio de 2012

Medidas dolorosas

Si la medida de cerrar el metro antes los días de diario hubiera sido aprobada hace un par de años, me habría jodido la vida. He evitado leer la noticia durante unos días para no enfadarme más en plena inauguración del verano, pero al final lo he hecho: Metro de Madrid cerrará a las 12 de domingo a jueves para ahorrar.

Ya escribí sobre el transporte público, casi en modo nostálgico. En un lugar como Madrid, en el que la distancia media entre dos puntos ronda habitualmente la media hora, coger el metro es el pan de cada día, y los días, muchas veces, no terminan antes de las doce. Ahora vivo en el centro y puedo volver andando a casa, pero hace dos años vivía en Tres Cantos, una ciudad dormitorio en el norte a la que iba, pues a eso, a dormir. Muchos días, más tarde de las once, si tras el trabajo y las clases quería hacer algo de vida social, necesitaba del metro para volver a casa, pero hoy no podría hacer eso. Tampoco si viviera en un barrio periférico, que tampoco es nada fuera de lo normal. Y en este caso, aunque el señor consejero de Transportes hable de los autobuses nocturnos, a según qué sitios va solo uno que sale cada mucho tiempo, o no va. Palabra.


Que cerrar el metro antes es una mala idea (una idea de mierda) no lo digo solo yo. En clave económica, El Blog Salmón (el gran Blog Salmón) da algunas ideas para ahorrar pero además apunta una consecuencia importante: esto fastidia al turismo. Se me ocurre que también a la hostelería: el que viva en un barrio periférico y quiera salir a tomar algo al centro un día entre semana se lo pensará dos veces si para volver (volver más tarde de las doce es una posibilidad factible - recordemos que en Madrid se duerme, madruga, trabaja y bebe/sale) tiene que hacer alguna engorrosa combinación de autobuses nocturnos o coger un taxi. Quien dice salir a tomar algo, dice de fiesta, que ya se sabe que cada año se adelanta el día que es "los nuevos viernes"... "¡Se van a cargar la noche madrileña!", comentaba con un amigo cuando nos enteramos del asunto. La verdad es que cuando cualquier persona me dice que Madrid mola, suele recalcar que lo guay está en que "cualquier noche se puede salir y hay ambiente". Si a este asunto le sumamos las multas de 500 euros por botellón, esto parece una revuelta contra el divertimento en general. 


El consejero de Transportes apuntaba también que esta medida es de las "menos dolorosas" para los viajeros. Es verdad: a mí me duele mucho más leer cómo ha derrochado el Metro de Madrid en los últimos años: estaciones electoralistas, lujos innecesarios y absurdas campañas de autobombo que pagamos todos.


Sensato lo de esta ciudad.

Besos,

Lía




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