sábado, 16 de junio de 2012

Notes from Madriz

Nunca llegué a encontrar el enlace a la versión digital, pero una vez leí en el típico suplemento de ocio en Madrid del fin de semana una clasificación de las tribus madrileñas por barrios: estaba el pijo Salamanca, el alternativo malasañero, el bohemio de La Latina, el perroflauta de Lavapiés... Decía que Malasaña es el sueño de vida adolescente, previo al treintañerismo de La Latina o a la emigración a un PAU en el que los niños crezcan en paz. Precisamente a La Latina le tenía yo manía por eso de los treintañeros afterworkers, todo el día de copas tras el 9-5 mileurista. "Bah, qué rollo de barrio: nos miraron mal por ir tatuados. Eso en el Zombie no pasa", me dije. Y, en fin, ahora aquí estoy: más veinteañera que treinteañera, sentadita de buena mañana con un café en mi nuevo balcón (que prácticamente es como mi nuevo novio) cara a la Ribera de Curtidores

¡Cambiar ha molado! Junio agoniza, los casi últimos exámenes de la carrera también. Empiezo a levantarme sudando de las siestas: no hay duda, el verano ya está aquí y el cuaderno, lleno de listas de cosas que hacer pese al verano, también. Oigo los goles de La Roja desde mi mesa de estudio mientras leo cómo el país y la ciudad se nos van al carajo, o sigo la actualidad de las caceroladas quincemayistas, en cada una de las columnas de mi Tweetdeck. Y por una cosa, otra, estrés, treintañerismo precoz o por puro pesimismo mientras España vuelve a ser lo que era, caigo en la pesada pero tan necesaria rutina de "unas cañas" después del combo trabajo + estudio. Porque "si en Madrid no se bebe, la vida social es más difícil, y entonces sí que no hay quien aguante Madrid. Ni la vida. Dormir, madrugar, trabajar y beber. En Madrid no hay donantes de hígado".

Total, las multas por botellón ya no son la coña de ir a alcohólicos anónimos sino 500 euritos limpios. Recuerdo el verano pasado como una ciudad a punto de estallar entre manifestantes y manifestaciones diarias, desalojos en plazas, policías machitos y católicos invadiendo la ciudad en masa durante las JMJ. Este, ya rescatados, con el IVA a punto de subir, las pensiones a punto de bajar, la gente agotando el paro, todo hecho un soberano desastre y encima prohibiéndonos beber en la calle, no tiene pinta de venir mucho más tranquilo.

Veremos cuando termine la Eurocopa: dormir, madrugar, trabajar, tomar notas del caos madrileño y beber (en terrazas o balcones).

Me apetece.

Besos,

Lía

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