A partir de entonces, el resto del tiempo transcurrió tal que así:
Dos paradisíacos días y medio después embarcábamos de vuelta a Madrid.
Al bajar del avión, con un inesperado bronceado y buen aspecto postvacacional que duró diez minutos gracias a los cien grados que había en la calle, fui a cenar con mi familia: mi hermana Mariola cumplía 17 años. "Ha hecho una lista de cosas que hacer antes de morir, y no te creas que quiere ni una buena posición laboral, ni una casa, ni nada. ¡Ja!", comentó mi padre. Y ella, probablemente la única que ha heredado algo de dulzura en la familia expuso: "sí: quiero nadar con delfines, ver una aurora boreal...".
Yo personalmente me conformaba con haber aceptado la oferta de arriba, pensé.
Menos mal (!) que, en un par de días, tercer asalto vacacional de los buenos: Galicia y su Resurrection Fest.
Hasta la vuelta, espero que con el mismo buen aspecto postvacacional pero ya sin depresiones,
Besos,
Lía







No hay comentarios:
Publicar un comentario