martes, 17 de julio de 2012

Lugares

Manuel tiene ochenta años y camina cada domingo, hacia el mediodía, de la aldea Quintela a la villa Santa Eulalia de Oscos. Son casi ocho kilómetros y los hace andando para comer en casa de su hija. Después del almuerzo, le devuelven en coche a su casa, donde vive desde hace años solo con una vaca. En los hogares de alrededor, poco más de una decena de personas, algún perrete y las montañas.






"Mamá: ¡¿pueblos de UNA persona?!", preguntamos mi hermana y yo cual urbanitas escandalizadas. "Claro hijas", responde la pobre con paciencia, "en los que no están ya abandonados queda poca gente y ya muy mayor". El concejo asturiano de Santa Eulalia de Oscos, como todos los de la zona, está formado por poblaciones de entre tres y cuarenta habitantes. Por la carretera aparecen los carteles con el nombre de la población y, pocos metros más tarde, desaparecen: los pueblos dan poco más de sí. Oficialmente, algunos reciben el sencillo nombre de "lugares". 


Ardiendo como ha ardido Madrid este fin de semana, ¿no es genial haber estado en, casi, la paz y autosuficiencia absolutas? Con su huerto, su vaca y su bastón, a Manuel no se le veía agobiado por el tiempo, paro o el IVA. Nos lo encontramos el domingo, cuando las vacaciones tocaban fin y con el coche cargado de empanada gallega y queso asturiano volvíamos a la capital. Por un momento me dio envidia y me apeteció quedarme, y eso que la experiencia me dice que la contaminación y el asfalto son, prácticamente, parte de mi oxígeno... Igualmente, no creo que a partir de mañana, de nuevo,  los eche de menos: back on track! Como en los viejos tiempos, pero a nivel doméstico.

Vivan las vacaciones.

Besos,

Lía

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