Bélgica es una fiesta: como los fines de semana Amberes se queda muerto con eso de que todos los belgas se van a su casa, las discotecas cobran entrada y los bares (y hasta el chino) cierran, es tan fácil como decir ‘¿a qué país vamos hoy?’ y coger un tren a Holanda, o a Francia, o a Alemania. O a Luxemburgo, que me fui yo ayer.
En forma de fortaleza, con un centro histórico rodeado de murallas y un parque paseable y hasta escalable. Apañadita, para ver en 100 minutos como anuncian en su guía, el Wenzel Circular Walk. Ir a pasar el día a Luxemburgo merece la pena, sobre todo si desde Bélgica, con el Go-Pass o algún derivado de transporte belga te sale el asunto a 10 euros (tip turístico nº1: desde cualquier estación de Bélgica, ir a Arlón, la última parada del país antes de Luxemburgo. Si hay suerte, el revisor no pasa; si no, el billete sale alrededor de 6 euros). Ir a pasar un domingo a Luxemburgo, tip turístico nº2, quizá no sea la mejor opción, porque, por lo que vi, piensan poco en el turista y cierra hasta el McDonald’s. Pero como mi domingo era vacacional y los revisores al parecer también se lo tomaron así, no me quejaré demasiado. Y es que hasta el retorno de las no-clases, esto seguirá siendo una fiesta.
Besos,
Lía
No hay comentarios:
Publicar un comentario