martes, 8 de febrero de 2011

Diferencias

Mientras Bélgica ‘va a la deriva’ y en España el asunto sigue de mal en peor (por enlazar un par de ejemplos), Alemania se puede permitir poner deberes aquí, allí y en el resto de Europa. Yo, de momento, lo único que me puedo permitir es acercarme durante un fin de semana al país en el que todo marcha bien, tomarme unas Paulaner, un currywurst (ser muy feliz con sendos alimentos) y aprovechar los 11º de media con los que nos ha deleitado el fin de semana para hacer turismo: revisita a Colonia, paseo por Düsseldorf y, ya de paso, desayuno en Maastricht, tan a medio camino entre un mundo y otro, tan recogido, tan limpio, tan tranquilo, tan verde, tan amurallado. Yo igual no, pero puede que los resultados de Google Imágenes os convenzan para pasaros si algún día estáis cerca.

Sobre Alemania, decía, ya había quedado en que sí, que mola. De Colonia tuve una impresión un poco fea hace un par de años: caí en un día lluvioso, vi un ratón en el Burger King y, en general, me pareció que la ciudad no hacía justicia a su majestuosa catedral. Mentira. Hay que echarle algo más de tiempo (más, de hecho, del que yo le he echado hasta ahora) pasearla a orillas del Rin, probar su ambiente nocturno (y no quedarse en un ataque de robo de comida en el hostel) y hasta apreciar la aleatoriedad de edificios como su ópera. De Düsseldorf, sólo puedo decir que tengo que volver, y no únicamente a pasear entre señoras con abrigos de visón en Königsalle (el Serrano, ¡los Campos Elíseos! del lugar) o a dar una vuelta por los biergartens del centro. Düsseldorf tiene pinta de ofrecer mucho más que eso, pero se nos hizo de noche. Y tuvimos que volver al país sin gobierno.

Pero que eh, a dos horas de todo, Bélgica sigue siendo una fiesta.

Besos,

Lía

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