Hola,
A (grandes) problemas, (grandes), o al menos peculiares, soluciones. En plena reflexión de sábado por la mañana, tras cinco horas de sueño dado que -no falla- a las 10 am la luz que entra por las no-persianas me despierta, andaba yo pensando en otro de los factores belgas que más inquieta me tienen: los no-telefonillos y los apaños de la gente para recibir a las visitas. Más que ausencia total es falta de funcionalidades: el objetivo del telefonillo es que la visita llame desde el portal y que el anfitrión pueda descolgar, comunicarse desde su piso y, finalmente, abrir la puerta de entrada. ¿No? Pues el caso es que aquí el telefonillo medio (de momento, el 100% de los que he conocido) no hace ni lo segundo ni lo tercero. La visita llama y el de arriba ya se las arregla para todo lo demás. Lo de hablar desde la ventana es un clásico (y tiene su punto, he de decir); lo de abrir la puerta lleva desde septiembre en constante evolución. Empezamos bajando al portal, luego tirando las llaves, hasta que, en un momento dado, unas se colaron por una alcantarilla, y ni la espumadera más larga fue capaz de recuperarlas (true story). Aunque a día de hoy lo más común sigue siendo lanzarlas -en una bolsa, por aquello de que no terminen en el subsuelo-, el otro día un amigo me sorprendió haciendo llegar sus llaves a pie de calle atadas a una bobina de cordel. ¿Para qué quejarse de sus no-cosas pudiendo innovar constantemente en ellas?
Precisamente, tampoco será ésta la primera vez que clame contra las palomas merodeando e, INCLUSO, posándose en mi alféizar. Como innovaciones-remedios me han sugerido lo de los cd’s vírgenes o imprimir un gato y pegarlo en el cristal (sí). Los belgas, por su parte, instalan pinchos, aunque, por lo que he visto en mis paseos por Amberes, también puede pasar que en lugar de ahuyentarlas las confunda y terminen agonizando clavadas en uno de ellos (true story).
Pero la última que se les ha ocurrido ha sido, ya no luchar contra el propio animal, sino contra lo más nocivo de él: sus excrementos. Vía Menéame y este blog me entero de que el estudio belga de Tuur Van Balen está implicado en un proyecto para, mediante la modificación de su metabolismo, transformar las deposiciones del palomo en DETERGENTE. “Pigeon d’Or proposes the use of feral pigeons as a platform and interface for synthetic biology in an urban environment by attempting to make a pigeon defecate soap (…) Through the pursuit of manipulating pigeon excrement and designing appropriate architectural interfaces, the project explores the ethical, political, practical and aesthetic consequences of designing biology”.
Aunque se colapsen cuando nieva, aunque tengan sistemas sin sentido o sus revoluciones sean un poco de aquella manera. Tendré que empezar a reconsiderar las (grandes) soluciones con las que dan.
Besos,
Lía
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