sábado, 6 de noviembre de 2010

Trash trip

Que Alemania mola ya lo sabía yo. Que Rotterdam es una sorpresa infravalorada me lo podía imaginar. Empieza noviembre y lo hace por todo lo alto: escapada a Osnabrück a visitar a mi, también Erasmus, amiga Naiara, salidas nocturnas subversivas e interraileras en Münster, vuelta a Amberes durante unas horas y tren a Holanda. A hacer turismo y planes holandeses de un día.

Y qué os voy a contar: los días en Alemania me recordaron que, más allá del imprescindible Berlín, ciudades como Hamburgo, Bremen, Colonia, y ahora Münster y la pequeña Osnabrück tienen un ambiente, aunque a veces un poco escondido y alejado de sus limpias y correctas calles centrales, más que interesante. Basta hacerse con una party bike (concepto original alemán: coger cualquier bici por la calle, ir hasta donde haya que ir y dejarla ahí para el siguiente partyer que la necesite), o subir a un taxi del que salir corriendo una vez en el lugar turbio (por aquello de que no te tomen por persona elegante), o simplemente seguir las indicaciones de los siempre gentiles y educados alemanes (que se desviven por ayudar al turista) y llegar a las afueras, donde habrá algún lugar abandonado tomado por los artistas callejeros, y ambulancias, y policía con sprays de pimienta y gente saltando en sofás. También djembés. Y, salvo en las cervezas, donde Bélgica gana por goleada, precios de risa. Y puestos de currywurst por la calle. ¿No es maravilloso? Alemania mola y volver es, siempre, confirmarlo.

Noviembre también. Sigue y continúa en nuevos rincones de Amberes, en el fromlosttotheriver fin de semana que viene (que incluye I Love Techno en Gante y The Gaslight Anthem en Bruselas), en Estocolmo y en Berlín. También aquí, donde me apunto a las narraciones de todo ello. Hasta la siguiente, sobre la arquitectónica Rotterdam, que sigáis bien.

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