¿Taiwán es un país?
Tuve la suerte de ir a Taiwán hace un par de años (donde, en resumen, pasé calor y visité empresas) así que me enteré de su situación, que hasta entonces como os podéis imaginar no me había llamado mucho la atención. Resulta que Taiwán es un país oficial para muy pocos: sólo los países que no tienen relaciones diplomáticas con China lo reconocen. El resto, simplemente, lo entienden como una parte de China (porque si no China se enfada), aunque en la práctica se lleven comercialmente bien con él. Porque es que en la práctica Taiwán tiene una industria que mola bastante: se ha especializado en ciertas tecnologías y aunque aún no es Corea (no tiene algo como Samsung) empieza a dar frutos como ASUS, Acer, BenQ y hasta HTC (que tiene móviles buenos aunque el mío precisamente no lo sea).
Más allá de los líos burocráticos chino-taiwaneses consultables en Wikipedia, lo curioso es cómo funciona Taiwán en realidad: Taiwán es una isla capitalista dentro de un estado comunista. Igual que Hong Kong, que es una península capitalista en un estado comunista. Los regímenes económicos y administrativos de Taiwán y Hong Kong funcionan diferente de los del resto de China. Se llama 'un país, dos sistemas' y está totalmente institucionalizado.
Taiwán y Hong Kong son el capitalismo dentro del comunismo; un país y dos extremos. Sus industrias tiran pero, por supuesto, fabrican en China porque, en ya sabéis qué condiciones y con qué consecuencias, sale más barato.
La deslocalización es obvia en un montón de sectores y países: sale rentable cuando eres una empresa y quieres ganar dinero. Ya de vuelta a España, me acordé de que hace unos años escuché a un empresario español aconsejar a las empresas deslocalizar porque era más barato. "Pero bueno, esto no se puede decir", comentó riendo.
Por cierto, otros que se ríen son los de la CEOE mientras valoran la reforma del despido alias reforma laboral.
Supongo que se ríen por no decir que, si todo sigue así, en unos años no les hará falta ni deslocalizar. Y tendremos un país con lo peor de los dos sistemas.
Hasta entonces, besos,
Lía

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